carne y alzheimer

¿Qué es el Alzheimer?

Es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales, a medida que mueren las células nerviosas (neuronas) y se atrofian diferentes zonas del cerebro.

Se ha estimado que entre el 10 y el 12% de los individuos con una disfunción cognitiva leve desarrollan tipos más graves de demencia, en tanto que apenas el 12% de los que no la padecen llegan a sufrir algún tipo de demencia. Esto significa que las personas con disfunción cognitiva tienen un riesgo diez veces mayor de enfermar de Alzheimer.

Por otra parte, no solo es frecuente que un trastorno cognitivo evolucione hacia un tipo más grave de demencia; también es habitual que esté asociado con las enfermedades cardiovasculares, con el derrame cerebral y con la diabetes tipo 2 en adultos. Todas estas afecciones suelen manifestarse en las mismas poblaciones y, en muchas ocasiones, también en la misma persona. Esta tendencia significa que comparten algunos de los factores de riesgo. Uno de estos factores es la hipertensión (tensión sanguínea alta) y otro es un nivel elevado de colesterol en sangre. Ambos, por supuesto, se pueden controlar mediante la dieta.


Un tercer factor es la cantidad de esos desagradables radicales libres que causan estragos en nuestras funciones cerebrales durante nuestros últimos años de vida. Como el deterioro causado por los radicales libres tiene una importancia fundamental para el proceso de la disfunción cognitiva y la demencia, los investigadores estiman que consumir antioxidantes a través de los alimentos puede proteger nuestro cerebro y evitar que se deteriore, como sucede con otras dolencias.

Los productos de origen animal carecen de escudos antioxidantes y tienden a activar la producción de los radicales libres y el deterioro celular; en contraste, los alimentos veganos ricos en antioxidantes tienden a prevenirlo. Se trata de la misma relación causa-efecto nutricional que mencioné al ocuparme de la degeneración macular.

 

Con respecto a los desórdenes cognitivos menos graves, las investigaciones recientes han demostrado que altos niveles de vitamina D en sangre están relacionados con una menor pérdida de memoria.64 Sin embargo, esta también se asocia con niveles elevados de vitamina C y selenio, dos sustancias que reducen la actividad de los radicales libres. Las vitaminas E y C son antioxidantes que se encuentran casi exclusivamente en los alimentos de origen vegetal, mientras que el selenio está presente en los de origen animal y vegetal.

Las conclusiones de un estudio realizado con 260 personas mayores, cuyas edades oscilaban entre los sesenta y cinco y los noventa años, fueron las siguientes: “Una dieta con menos grasa, grasas saturadas y colesterol, y más rica en carbohidratos, fibra, vitaminas (especialmente folato, vitaminas C y E, y betacarotenos) y minerales (hierro y zinc) es recomendable no solo para mejorar la salud general de las personas mayores, sino también para regenerar la función cognitiva”.

Esta afirmación defiende las virtudes de los alimentos de origen vegetal para conseguir una función cerebral óptima y reprueba los productos de origen animal. Otro estudio, que incluyó a varios cientos de personas mayores, concluyó que las puntuaciones de los tests mentales eran superiores en los individuos que consumían mayor cantidad de vitamina C y betacaroteno. Otros trabajos realizados han descubierto también que bajos niveles de vitamina C en sangre se asocian con un rendimiento cognitivo inferior en los ancianos; algunos investigadores han descubierto que el grupo de vitaminas B, incluido el betacaroteno, se asocia con una mejor función cognitiva.

¿Y qué sucede con las demencias más graves derivadas de un derrame cerebral (demencia vascular y Alzheimer)? ¿Cómo afecta la dieta a estas enfermedades? La alimentación tiene un efecto claro en la demencia, cuyas causas son los mismos problemas vasculares que desembocan en un derrame cerebral. En una publicación del famoso Estudio de Framingham, los investigadores concluyeron que, por cada tres raciones adicionales de fruta y hortalizas consumidas a diario, el riesgo de derrame cerebral se reduce en un 22%.

Tres raciones de frutas y verduras es menos de lo que podrías pensar. En el estudio mencionado, los siguientes ejemplos cuentan como una ración: media taza de melocotones, un cuarto de taza de salsa de tomate, media taza de brócoli o una patata.73 Media taza no es mucha cantidad de comida. De hecho, los hombres de este estudio que consumían la mayor cantidad de frutas y verduras tomaban unas diecinueve raciones diarias. Si tres raciones disminuyen el riesgo en un 22%, los beneficios pueden aumentar muy rápidamente (la reducción del riesgo se acercaría al 100%, aunque no puede superarlo).

Este estudio demuestra que la salud de las arterias y de los vasos que transportan la sangre hasta y desde tu cerebro depende de cómo te alimentes. Por extensión, es lógico asumir que el consumo de frutas y hortalizas nos protegerá del riesgo de padecer una demencia causada por una mala salud vascular. Una vez más, la investigación parece demostrar la veracidad de dicho argumento. Los científicos analizaron la salud mental de más de 5,000 personas mayores, evaluaron su ingesta de alimentos e hicieron un seguimiento de todos los casos durante más de dos años. Descubrieron que las que consumían la mayor cantidad de grasas totales y grasas saturadas corrían un riesgo muy superior de contraer el tipo de demencia derivada de problemas vasculares.

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