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 Lácteos Y Cáncer De Mama: Una Relación Evidente

 

 

¿Qué es el Cáncer de Mama?

El Cáncer de Mama es una enfermedad clonal; Donde una célula individual producto de una serie de mutaciones somáticas o de línea germinal adquiere la capacidad de dividirse sin control ni orden, haciendo que se reproduzca hasta formar un tumor. El tumor resultante, que comienza como anomalía leve, pasa a ser grave, invade tejidos vecinos y, finalmente, se propaga a otras partes del cuerpo.

El Estudio de China y el Cáncer de Mama

De acuerdo con los datos obtenidos en El estudio de China, la exposición a los estrógenos a lo largo de la vida de una mujer es al menos entre 2.5 y 3 veces superior entre las occidentales que entre las mujeres asiáticas que viven en regiones rurales. Se trata de una enorme diferencia para una hormona tan importante. Para emplear los términos de uno de los grupos de investigación del cáncer de mama más importantes en todo el mundo. Existen pruebas apabullantes de que los niveles de estrógeno son indicadores determinantes del riesgo de contraer cáncer de mama”.

 

FACTORES DE RIESGO PARA EL CÁNCER DE MAMA E INFLUENCIA DE LA NUTRICIÓN

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Excepto el colesterol en la sangre, estos factores de riesgo son variaciones del mismo tema: la exposición a cantidades excesivas de hormonas femeninas, incluidos el estrógeno y la progesterona, conduce a un riesgo mayor de contraer cáncer de mama. Las mujeres que tienen una dieta en la que abundan los alimentos de origen animal y escasean los integrales y los de origen vegetal llegan antes a la pubertad y más tarde a la menopausia, ampliando así su vida reproductiva. Estas mujeres presentan también mayores niveles de hormonas femeninas a lo largo de su vida, como se muestra en el gráfico.

Según el estudio. El cáncer de mama se debe a varios factores como la menarquía de la mujer y el aumento de estrógenos en el cuerpo cuya proteina detonante es la caseína, la cual representa un 87% de la proteína total de la leche de vaca y es una de las más acídicas en existencia, la caseína en conjunto con las grasas saturadas animales generan el mecanismo de acción del cáncer en el seno. En China, donde el consumo de lácteos es nulo y se ve reemplazado por el tradicional extracto de  proteína de soya, las mujeres tienen su primera menarquía entre las edades de 17 a 20 años, lo que se traduce en un muy equilibrado nivel de estrógenos y una incidencia relativamente baja de cáncer de mama.

El estrógeno participa directamente en el proceso canceroso. También suele indicar la presencia de otras hormonas femeninas 8-12 que desempeñan un papel en el cáncer de mama. Las dietas típicamente occidentales, ricas en grasa y en proteínas animales, y deficientes en fibra, producen niveles muy elevados de estrógenos y hormonas relacionadas.
Merece la pena destacar el contraste que existe entre los niveles de estrógeno de las mujeres de la China rural y las occidentales porque un informe previo descubrió que un incremento en estos niveles de apenas un 17% podría marcar una gran diferencia en los índices de cáncer de mama cuando se comparaban diferentes países. Por tanto, intenta imaginar lo que podría significar disminuir los niveles de estrógeno en sangre de un 26 a un 63% y reducir la vida reproductiva de una mujer entre ocho y nueve años, limitando así su exposición al estrógeno en sangre, como descubrimos en El estudio de China.

PROBLEMAS COMUNES

Los genes

Como es comprensible, las mujeres que más temen el cáncer de mama son las que tienen antecedentes familiares de esta enfermedad. El hecho de que existan antecedentes familiares de este tipo de cáncer implica que los genes intervienen en su desarrollo.

Muchas personas, quizá demasiadas, afirman que “todo está en la familia” y rechazan la idea de que pueden hacer algo para ayudarse a sí mismas. Esta actitud fatalista no permite asumir la responsabilidad de la propia salud y restringe sustancialmente las opciones disponibles.
Es innegable que si tienes antecedentes familiares, corres mayor riesgo de contraer cáncer de mama. Sin embargo, un equipo de investigación descubrió que menos del 3% de los casos de cáncer de mama se puede atribuir a ellos. A pesar de que otros grupos de investigadores han estimado que el porcentaje de casos relacionados con los antecedentes familiares es superior, la mayoría de los casos existentes entre las mujeres americanas no es atribuible a ellos ni a los genes. No obstante, el fatalismo genético sigue definiendo el modo de pensar de las naciones.

Sustancias químicas medioambientales

Desde hace algunos años, siempre que se habla del cáncer de mama, surge un tema recurrente que se refiere a las sustancias químicas medioambientales. Dichas sustancias, cuya presencia hoy en día está muy extendida, han demostrado tener un efecto pernicioso sobre las hormonas, aunque no está claro cuáles son las hormonas humanas que pueden resultar afectadas. Asimismo, es posible que causen problemas reproductivos, defectos de nacimiento y diabetes de tipo 2.

Existen muchos tipos diferentes de sustancias químicas nocivas, la mayoría de las cuales están normalmente asociadas con la contaminación industrial. Hay un grupo de dichas sustancias, entre las que se encuentran las dioxinas y los PCB, que son persistentes porque, una vez consumidas, el organismo no las metaboliza, es decir, el cuerpo no las excreta.
Como no se metabolizan, estos productos químicos se acumulan en la grasa corporal y en la leche materna de las mujeres lactantes. Algunas de estas sustancias promueven el desarrollo de células cancerosas; sin embargo, los seres humanos no corren ningún riesgo significativo a menos que consuman cantidades excesivas de carne, leche y pescado. De hecho, entre el 90 y el 95% de nuestra exposición a estas sustancias químicas se debe al consumo de productos de origen animal; otra razón más que respalda la idea de que la ingesta de estos alimentos puede ser peligrosa.

Los niveles de las hormonas aumentan durante los años reproductivos, pero entre las mujeres que tienen dietas veganas no son tan elevados.
Cuando las mujeres llegan al final de su vida reproductiva, es completamente natural que todas las hormonas de la reproducción disminuyan hasta un nivel “básico”.
A medida que la vida reproductiva toca a su fin, los niveles más bajos de hormonas entre las vegetarianas no disminuyen de forma tan brusca como entre las mujeres que ingieren carne.
Usando cifras hipotéticas para ilustrar el concepto, los niveles de las veganas pueden caer de 40 a 15, mientras que los niveles de aquellas que consumen alimentos de origen animal pueden pasar de 60 a 15.
Estos abruptos cambios hormonales son la causa de los síntomas de la menopausia.
Por lo tanto, una dieta veganas favorece una disminución más moderada de las hormonas y una menopausia más suave.

Este argumento es eminentemente razonable y se basa en nuestros conocimientos sobre el tema, aunque sería muy útil disponer de nuevos estudios. Pero aunque los estudios futuros no consiguieran confirmar estos datos, la dieta vegana sigue ofreciendo el menor riesgo, tanto para el cáncer de mama como para las enfermedades cardíacas, por otras razones. Podría ofrecernos el mejor de los mundos, algo que ningún medicamento puede hacer.
En relación con cada uno de los diversos temas asociados al riesgo de cáncer de mama (uso de tamoxifeno, empleo de la terapia de restitución hormonal, exposición a sustancias químicas medioambientales, mastectomía preventiva), estoy convencido de que estas prácticas y distracciones nos impiden considerar una estrategia nutricional que es más segura y mucho más útil. Es fundamental que modifiquemos nuestra forma de pensar respecto de esta enfermedad y que proporcionemos esta información a las mujeres que la necesitan.

Tomado de: “El Estudio de China” – El más grande grande estudio de nutrición alguna vez conducido.

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