cardiopatias
¿Qué es una enfermedad cardíaca?

Una enfermedad cardíaca puede englobar a cualquier padecimiento del corazón o del resto del sistema cardiovascular. Habitualmente se refiere a la enfermedad cardíaca producida por asma o por colesterol.

Uno de sus componentes claves es la placa arterial. La placa es una capa lipídica que contiene proteínas, grasas (incluido el colesterol), células del sistema inmunitario y otros componentes, que se acumulan en las paredes interiores de las arterias coronarias. Cuando la placa empieza a recubrir las arterias coronarias, ya existe un cierto grado de enfermedad cardíaca. De todos los soldados a los que se les practicó una autopsia en Corea, 1 de cada 20 individuos tenía tanta placa acumulada que el 90% de al menos una de sus arterias estaba obstruida. Esto es como si dobláramos una manguera y luego regáramos un jardín sumamente seco con el hilito de agua resultante.

¿Cómo es que ninguno de estos soldados había sufrido un infarto? Después de todo, solo un 10% de la arteria se hallaba libre de placa. ¿Cómo podía ser suficiente? Resulta que si la placa se acumula lentamente sobre la pared interior de la arteria a lo largo de varios años, el flujo sanguíneo tiene tiempo para adaptarse. Piensa en la sangre fluyendo a través de tu arteria como un río embravecido.

Si pones unas cuantas piedras en los márgenes de un río un día tras otro y durante varios años (así es como la placa se deposita sobre las paredes de la arteria), el agua encontrará otra forma de llegar a su destino. Quizá el río forme varios arroyos más pequeños que pasen por encima de las piedras o puede que fluya por debajo de ellas, formando túneles diminutos. Acaso el agua comience a circular por riachuelos laterales, cambiando de ruta. Estos nuevos y minúsculos flujos de agua en torno a las piedras, o a través de ellas, se denominan “colaterales”. Lo mismo sucede en el corazón. Si la placa se acumula durante un periodo de varios años, se producirá un desarrollo colateral suficiente como para que la sangre pueda seguir fluyendo a través del corazón. No obstante, una gran acumulación de placa puede restringir gravemente el flujo sanguíneo y producir un dolor debilitante o una angina de pecho. Sin embargo, no es frecuente que cuando la placa se acumula de esta forma cause un ataque al corazón.

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¿Por qué los norteamericanos sucumben más a las dolencias cardíacas en las décadas de los sesenta y setenta, considerando que este problema no parecía afectar demasiado a gran parte del resto del mundo?

Muy sencillo, porque dichas defunciones se debían a la alimentación. En las culturas con índices más bajos de enfermedades cardíacas, se consumen menos grasas saturadas, menos proteínas animales y más cereales integrales, frutas y hortalizas. En otras palabras, subsisten básicamente con alimentos de origen vegetal, mientras nosotros consumimos una enorme cantidad de alimentos de origen animal.

Pero ¿podría ser que un grupo determinado fuera más propenso a contraer enfermedades cardíacas debido a sus antecedentes genéticos? Sabemos que este no es el caso, porque en un grupo con la misma herencia genética existe una relación similar entre la dieta y la enfermedad. Por ejemplo, los hombres japoneses que viven en Hawái o en California presentan un nivel muy superior de colesterol en sangre y una mayor incidencia de enfermedades coronarias que los japoneses que viven en Japón.

Como parece evidente, la causa se debe a factores medioambientales, puesto que la mayoría de estas personas tienen la misma herencia genética. El hábito de fumar tampoco es determinante, dado que los hombres fumadores que residían en Japón contraían menos enfermedades coronarias que los japoneses que vivían en Estados Unidos. Los investigadores señalaron a la dieta, afirmando que el colesterol en sangre aumentaba “con la ingesta de grasas saturadas, proteínas animales y colesterol a través de la dieta”. En la otra cara de la moneda, el colesterol en sangre “revelaba una asociación negativa con la ingesta de carbohidratos complejos”. En términos simples, los alimentos de origen animal estaban vinculados a mayores niveles de colesterol en sangre, mientras que los de origen vegetal se asociaban con niveles bajos.

Este estudio apuntaba claramente a la dieta como una de las causas posibles de las enfermedades cardíacas. Más aún, los resultados de las fases tempranas de la investigación bosquejaban una explicación muy coherente: cuanto mayor es el consumo de grasas saturadas y colesterol (como indicadores de la ingesta de alimentos de origen animal), mayor es el riesgo de contraer una enfermedad cardíaca. Y a medida que otras culturas han empezado a alimentarse al estilo norteamericano, los índices de las cardiopatías se han disparado. En épocas más recientes, los índices de mortalidad por afecciones cardíacas de diversos países superan a los de Estados Unidos.

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